De acuerdo con el sondeo, la mayoría busca en esta conducta lograr mayor concentración, evitar comer alternativas más calóricas y calmar el hambre.
Entre los consumidores de chicle de nuestro país existe un mundo con dos dimensiones claramente identificadas: la entretención de quienes prefieren sabores frutales y la frescura de los que consumen chicles mentolados.
Los primeros tienden a tener una “faceta lúdica y más infantil, caracterizada por la fuerte presencia de colores y diversión”, mientras que quienes buscan frescura o menta en un chicle poseen una “faceta más adulta o juvenil, más social, con mayor relevancia del estilo u onda”, según indica el estudio.
Aun así, en todos los segmentos, el sabor mentolado sigue siendo el rey, lo que está relacionado con obtener un aliento fresco y con la faceta de conquista.